jueves, 25 de julio de 2019

Dulzura y Ternura

               Lo ves acostado en su cama, con su pequeña cabecita recostada sobre la almohada, sus ojitos cerrados y paz a todo su alrededor.  Cada uno de los pensamientos y sentimientos que despierta en ti es tierno y dulce.
               La belleza y la fragilidad de la vida justo frente a tus ojos.   
             Cuando has llevado el fruto del amor en tu vientre entiendes mucho mejor el significado de las caricias de papá, la dulzura de los cuidados de mamá, el significado de los consentimientos de la abuelita y el abuelito.
            ¿Existe algo más dulce que el amor de un bebé recostado sobre el pecho de su madre?  No importando si es un oso, un venado, un gato o un pato, el amor es tierno y dulce naturalmente. 

           ¿Alguna vez has notado cuán amorosos son los niños?  Son tan dulces y tiernos que en 15 minutos olvidan las nalgaditas que recibieron.  Responden a una sonrisa, a una voz dulce, a una llamada, a una caricia, a un abrazo, a un beso … inmediatamente, sin titubeos, sin hipocresía, sin miedo.  Parecen poseer el poder para identificar el amor.  Sienten la amargura, la aspereza, la falta de sensibilidad y parecen evitarlos o esconderse de ellos instantáneamente.
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        Conforme crecemos aprendemos a controlar la vida y a reprimir nuestros sentimientos a través de nuestros pensamientos, los cuales muchas veces han sido mal guiados y tergiversados por la altivez:  el orgullo de la autoridad que encuentra su felicidad en gobernar a otros y definir qué hacer y qué no hacer.  Todos aprendemos a sonreir y a ser felices por la aprobación de aquéllos que están sobre nosotros, ejerciendo el derecho de castigarnos y premiarnos de acuerdo a nuestros hechos y logros.
        Nuestra falta de ternura y dulzura no es más que el resultado de la pérdida de la inocencia.  Nos vemos confrontados con que hemos establecido límites que no nos permiten ser quienes podemos ser, si logramos estar en contacto con nuestros sentimientos más profundos.  Ignoramos nuestro potencial, y fallamos en ser lo mejor que podemos ser; fallamos en disfrutar la vida tanto como pudiéramos, si tuviéramos una conexión con nuestro yo verdadero.

        Libertad, protección, verdad, fuerza y justicia son unas de las cosas que son necesarias para mantener nuestra dulzura y nuestra ternura íntegras, e incluso para ayudarnos a crecer hasta madurar;  allí podremos usarlas según nuestra voluntad, y abstenernos de dárselas a aquéllos que pudieran verlas como una oportunidad para lastimarnos e incluso destruirnos, debido a nuestra falta de conocimiento y entendimiento acerca del funcionamiento de la vida.        
       Para ser dulces y tiernos necesitamos un padre amoroso y una madre amorosa, que nos guíen con conocimiento, misericordia, paciencia, provisión y fidelidad a lo largo de nuestro camino en la vida.

       Necesitamos deshacernos de nuestro egoísmo, el cual resulta destructivo para el amor.  Necesitamos conciencia y disposición para amar.  Necesitamos vivir en la constante responsabilidad de amarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo, empezando por nuestro cónyuge y nuestros hijos, nuestros padres, nuestros hermanos.
       Una de las primeras cosas que debemos entender acerca de la vida es que somos seres individuales, somos únicos y este ser únicos es lo que debemos descubrir durante nuestros primeros años de vida.  Es entonces que descubriremos nuestros dones, nuestras carencias, nuestros gustos, nuestras fortalezas, nuestras debilidades.  Y sólo de esta forma debemos ser guiados en nuestro crecimiento.

         Cada vez que intentamos imponer nuestras preferencias sobre aquéllos bajo nuestro cuidado estorbamos el crecimiento sano de la persona.  La vida es algo “vivo” y constantemente cambiante, algo que está “creciendo” sin cesar, con cada cambio y logro.  Al perder nuestra dulzura y ternura sofocamos la vida en lugar de dejarla a fluir para que crezca hasta la perfección.  Todo esto resulta en tristeza en lugar de alegría, desesperación en lugar de paz, injusticia en lugar de justicia y egoísmo en lugar de amor.
          Es muy importante comprometerse a amar para que  podamos vivir en el compromiso de ser perfeccionados cada día de nuestras vidas.  El amor perfecto en sí mismo, pero nosotros no lo somos, necesitamos deshacernos de toda imperfección:  debilidad, orgullo, vanidad, envidia, egoísmo, resentimiento, enojo, y similares.  Necesitamos lidiar con todo aquello que antagoniza con el amor.  Todo esto se manifestará conforme caminamos y vivimos.  Incluirá toda relación que tengamos y desarrollemos, desde las personas que nos topamos en la tienda, hasta nuestros parientes más cercanos; desde los animales hasta las cosas que debemos cuidar en nuestras diferentes funciones a lo largo de la vida.    
            Cuando hablamos de "ser perfeccionados" no hablamos de un prototipo, sino de creer que existe un máximo que cada uno de nosotros debe anhelar alcanzar.


          El amor tiene un orden perfecto que debemos respetar.  La integridad y la fidelidad son dos importantes ingredientes que necesitamos para recorrer todo el camino en victoria.  Cada persona con la que nos encontramos, cada nueva actividad, cada nueva cosa es un reto, una invitación para continuar buscando la grandeza de la vida y su belleza ilimitada.  Existe una fuente inagotable dentro de cada uno de nosotros, lo cual será razón para nunca aburrirnos ni terminar jamás de descubrir nuevas experiencias que harán nuestras vidas dignas de ser vividas.

          Nuestros hijos necesitan crecer libres de temores.  Deben saber que son bellos y perfectos porque nacieron para amar y ser amados.  Deben crecer libres del temor de ser juzgados, de ser castigados, de ser rechazados, de sufrir dolor, de padecer carencias, y de la maldad   
          Para que todo esto sea una realidad debemos estar allí para enseñarles las leyes que harán todo esto posible.  La transgresión siempre traerá temor, y sus consecuencias son, muchas veces, dolorosas y destructivas, lo cual mina la fe y sus leyes.  El saber todo esto de antemano evitará que nos alejemos la fe, y nos animará para vivir inteligentemente y esforzarnos para lograr felicidad, a través de respetar la ley.  La humildad y el perdón, la pureza y la fidelidad, la verdad y la fe siempre nos traerán de regreso al camino del amor, si por alguna razón llegáramos a apartarnos.  
           Si hacemos esto desde un principio, la dulzura y la ternura no se alejarán nunca de nosotros, porque las extrañaremos desde el momento en el que notemos su ausencia, y buscaremos siempre inmediatamente la causa de ello.  El amor se encargará de que seamos personas amorosas, y las personas amorosas siempre son felices porque aman.

        Hay tiempos para dar y tiempos para recibir.  Hay un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar.  Hay tiempos en los que nos vemos incapacitados para dar, pero necesitamos recibir.  Recibir es totalmente necesario para no amargarnos, ni caer en incredulidad ni en egoísmo (orgullo).  Cuando estamos sufriendo, cuando estamos débiles, tristes, cansados o desesperados necesitamos recibir amor del exterior.  Cada vez que las personas fallen en ser perfectas en amor, Dios llenará la necesidad.  Dios siempre es suficiente.  Dios siempre está presente.  Dios siempre es fiel.

         Hay cosas que son evidentes, como una cortada, una enfermedad, una pérdida, pero hay otras cosas que son más sutiles, y debemos ser cuidadosos en cuanto a no fallar en ver y respetar la sensibilidad de aquéllos alrededor de nosotros.  Conforme caminamos con nuestros hijos, lado a lado, aprenderemos a comprender sus sentimientos y nos volveremos más amorosos para compartir lo que hay en sus corazones, en lugar de ser personas que sólo pueden establecer los hechos.
          Debemos aprender a dirigir nuestras vidas, protegiendo y amando, en lugar de hacerlo dando órdenes y queriendo gobernar.  La dulzura y la ternura no se manifiestan solamente en las caricias y en los besos, sino también en ser observadores, atentos, callados y comprensivos;  en comprender y satisfacer las necesidades, en ser profundos y no superficiales, en involucrarnos y no ser distantes e indiferentes.

        La dulzura y la ternura son cosas que necesitamos para desarrollar nuestra habilidad para ajustarnos a cada situación y a cada necesidad.  Si tenemos esto en nosotros y creemos en nosotros mismos, lograremos evitar el miedo, la desesperación, la inseguridad y muchas otras cosas que nos alejan del amor perfecto.  Tendremos paz interior, fe, paciencia, sabiduría, y enfrentaremos todo con amor y responsabilidad, sin desmayar ante la tristeza, la desesperación o la ignorancia.  Haremos todo lo que podamos y todo lo que debamos, en el momento preciso.  La vida será más justa, más bonita, más dulce, más agradable y más gratificante.


                     No temamos la dulzura, sino su ausencia.  No confundamos la ternura con debilidad.  No subestimemos el poder del amor y no perdamos nuestra oportunidad  de vivir la vida correctamente.  Seamos libres para amar y libres para aprender de la vida conforme caminamos.
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Dulce como la Miel

Tras más de tres décadas

de vivencias y logros, no sin caídas,

uno cree todo saberlo

y todo poder gobernarlo.

Hasta que aprendes

que la vida es nueva cada día,

y que con ella trae nueva alegría.



Decenas de bellos bebés tuve conmigo

y llené mi corazón de darles abrigo,

pero permanecía dentro de mí un eterno frío

que no cedió hasta que tuve uno que era mío.



Desde el instante en el que la idea surgió:

“¡Un bebé!”, algo en mí se inició.

Fue entonces que el frío cedió:

Empecé a percibir el calor

que generaba la ilusión

de vivir una nueva canción.
       
Al mis manos mi vientre tocar

sentía todo mi ser vibrar…

Disfruté cada segundo el placer

de madre llegar a ser.



La primera vez que lo tuve en mis brazos

le prometí amarle, … ¿con abrazos?

He aprendido a entender su necesidad

y a suplirla con lo mejor de mi humanidad.



Cuando una vez le vi

parado frente a mí,

con sus ojos expresando inocencia y ternura,

impotencia y dulzura,

empezó el largo proceso de comprender

que cuando hay algo grande qué hacer

el cielo otorga, pero también demanda.

Y con la encomienda,

la capacidad para cumplir te manda.



Hoy, más que nunca,

me identifico con la canción

que siempre me llenó de emoción:

  
“Hoy veo en tus ojos, por primera vez,

y por primera vez, veo quién eres.



Me cuesta creer cuánto hay en ti

cuando vuelves tu mirada hacia mí;

por primera vez

veo lo que el amor es.”



Dios es amor

y verle a los ojos es sentir Su calor.



Por eso, aprende, que el frío

se aleja cuando dices:  “mío”.

Recibe y abraza

cada cosa buena que por causa de ti pasa:

Esa sonrisa,

esa tierna mirada que por ti se genera;

Ese regalo que por ti espera;

Cada muestra de amor

que, por ti, sucede a tu alrededor.



Jamás menosprecies su calor,

pues traerá consigo el temor

que se desarrolla en el frío, donde falta el amor.                      


¡Haz tuyo el amor;

éste mantiene alejado el dolor!



¿No escuchas la voz del cielo

que te dice con tanto celo:

“Yo te lo concedí,

recíbelo de mí”?



Y sigue siempre al amor fiel:

Dulce como la miel.



Canciones:
El Jorobado de N.D.: "Heaven´s light"
R. Stewart:  "Have I told you lately?"
G. Benson: "Nothin´s gonna change my love for you"
James Taylor:  "Only one"
Camilo Sesto:  "Jamás"
Savage Garden:  "I want to stand with you on a mountain"
Johny Mathis:   "I´m glad there is you"
E. Humperdinck:  "We fell in love"
Roberto Carlos:  "De corazón a corazón"
A. Torres: "Angel de ternura"
E. John: "Little Jeannie"

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