La belleza y la fragilidad de la vida
justo frente a tus ojos.
Cuando has llevado el fruto del amor en
tu vientre entiendes mucho mejor el significado de las caricias de papá, la
dulzura de los cuidados de mamá, el significado de los consentimientos de la
abuelita y el abuelito.
¿Existe algo más dulce que el amor
de un bebé recostado sobre el pecho de su madre? No importando si es un oso, un venado, un
gato o un pato, el amor es tierno y dulce
naturalmente.
¿Alguna vez has notado cuán amorosos
son los niños? Son tan dulces y tiernos que
en 15 minutos olvidan las nalgaditas que recibieron. Responden a una sonrisa, a una voz dulce, a
una llamada, a una caricia, a un abrazo, a un beso … inmediatamente, sin
titubeos, sin hipocresía, sin miedo.
Parecen poseer el poder para identificar el amor. Sienten la amargura, la aspereza, la falta de
sensibilidad y parecen evitarlos o esconderse de ellos instantáneamente.


Conforme crecemos aprendemos a
controlar la vida y a reprimir nuestros sentimientos a través de nuestros
pensamientos, los cuales muchas veces han sido mal guiados y tergiversados por
la altivez: el orgullo de la autoridad
que encuentra su felicidad en gobernar a otros y definir qué hacer y qué no
hacer. Todos aprendemos a sonreir y a
ser felices por la aprobación de aquéllos que están sobre nosotros,
ejerciendo el derecho de castigarnos y premiarnos de acuerdo a nuestros hechos
y logros.
Nuestra falta de ternura y dulzura no
es más que el resultado de la pérdida de la inocencia. Nos vemos confrontados con que hemos
establecido límites que no nos permiten ser quienes podemos ser, si logramos
estar en contacto con nuestros sentimientos más profundos. Ignoramos nuestro potencial, y fallamos en
ser lo mejor que podemos ser; fallamos en disfrutar la vida tanto como
pudiéramos, si tuviéramos una conexión con nuestro yo verdadero.
Libertad, protección, verdad, fuerza y
justicia son unas de las cosas que son necesarias para mantener nuestra dulzura
y nuestra ternura íntegras, e incluso para ayudarnos a crecer hasta
madurar; allí podremos usarlas según nuestra
voluntad, y abstenernos de dárselas a aquéllos que pudieran verlas como una
oportunidad para lastimarnos e incluso destruirnos, debido a nuestra falta de
conocimiento y entendimiento acerca del funcionamiento de la vida.
Para ser dulces y tiernos necesitamos un
padre amoroso y una madre amorosa, que nos guíen con conocimiento,
misericordia, paciencia, provisión y fidelidad a lo largo de nuestro camino en
la vida.
Necesitamos deshacernos de nuestro
egoísmo, el cual resulta destructivo para el amor. Necesitamos conciencia y disposición para
amar. Necesitamos vivir en la constante
responsabilidad de amarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo, empezando por
nuestro cónyuge y nuestros hijos, nuestros padres, nuestros hermanos.
Una de las primeras cosas que debemos entender
acerca de la vida es que somos seres individuales, somos únicos y este ser
únicos es lo que debemos descubrir durante nuestros primeros años de vida. Es entonces que descubriremos nuestros dones,
nuestras carencias, nuestros gustos, nuestras fortalezas, nuestras
debilidades. Y sólo de esta forma
debemos ser guiados en nuestro crecimiento.
Cada vez que intentamos imponer
nuestras preferencias sobre aquéllos bajo nuestro cuidado estorbamos el
crecimiento sano de la persona. La vida
es algo “vivo” y constantemente cambiante, algo que está “creciendo” sin cesar,
con cada cambio y logro. Al perder
nuestra dulzura y ternura sofocamos la vida en lugar de dejarla a fluir para
que crezca hasta la perfección. Todo
esto resulta en tristeza en lugar de alegría, desesperación en lugar de paz,
injusticia en lugar de justicia y egoísmo en lugar de amor.
Es muy importante comprometerse a
amar para que podamos vivir en el
compromiso de ser perfeccionados cada día de nuestras vidas. El amor perfecto en sí mismo, pero nosotros
no lo somos, necesitamos deshacernos de toda imperfección: debilidad, orgullo, vanidad, envidia,
egoísmo, resentimiento, enojo, y similares.
Necesitamos lidiar con todo aquello que antagoniza con el amor. Todo esto se manifestará conforme caminamos y
vivimos. Incluirá toda relación que
tengamos y desarrollemos, desde las personas que nos topamos en la tienda,
hasta nuestros parientes más cercanos; desde los animales hasta las cosas que
debemos cuidar en nuestras diferentes funciones a lo largo de la vida.
Cuando hablamos de "ser perfeccionados" no hablamos de un prototipo, sino de creer que existe un máximo que cada uno de nosotros debe anhelar alcanzar.
Cuando hablamos de "ser perfeccionados" no hablamos de un prototipo, sino de creer que existe un máximo que cada uno de nosotros debe anhelar alcanzar.
El amor tiene un orden perfecto que
debemos respetar. La integridad y la
fidelidad son dos importantes ingredientes que necesitamos para recorrer todo
el camino en victoria. Cada persona con
la que nos encontramos, cada nueva actividad, cada nueva cosa es un reto, una
invitación para continuar buscando la grandeza de la vida y su belleza
ilimitada. Existe una fuente inagotable
dentro de cada uno de nosotros, lo cual será razón para nunca aburrirnos ni
terminar jamás de descubrir nuevas experiencias que harán nuestras vidas dignas
de ser vividas.
Nuestros hijos necesitan crecer
libres de temores. Deben saber que son
bellos y perfectos porque nacieron para amar y ser amados. Deben crecer libres del temor de ser
juzgados, de ser castigados, de ser rechazados, de sufrir dolor, de padecer
carencias, y de la maldad
Para que todo esto sea una realidad debemos
estar allí para enseñarles las leyes que harán todo esto posible. La transgresión siempre traerá temor, y sus
consecuencias son, muchas veces, dolorosas y destructivas, lo cual mina la fe y
sus leyes. El saber todo esto de antemano
evitará que nos alejemos la fe, y nos animará para vivir inteligentemente y
esforzarnos para lograr felicidad, a través de respetar la ley. La humildad y el perdón, la pureza y la
fidelidad, la verdad y la fe siempre nos traerán de regreso al camino del amor,
si por alguna razón llegáramos a apartarnos.
Si hacemos esto desde un principio,
la dulzura y la ternura no se alejarán nunca de nosotros, porque las
extrañaremos desde el momento en el que notemos su ausencia, y buscaremos
siempre inmediatamente la causa de ello.
El amor se encargará de que seamos
personas amorosas, y las personas amorosas siempre son felices porque aman.
Hay tiempos para dar y tiempos para recibir. Hay un tiempo para sembrar y un tiempo para
cosechar. Hay tiempos en los que nos
vemos incapacitados para dar, pero necesitamos recibir. Recibir es totalmente necesario para no
amargarnos, ni caer en incredulidad ni en egoísmo (orgullo). Cuando estamos sufriendo, cuando estamos débiles,
tristes, cansados o desesperados necesitamos recibir amor del exterior. Cada vez que las personas fallen en ser
perfectas en amor, Dios llenará la necesidad.
Dios
siempre es suficiente. Dios siempre está presente. Dios siempre es fiel.
Hay cosas que son evidentes, como una
cortada, una enfermedad, una pérdida, pero hay otras cosas que son más sutiles,
y debemos ser cuidadosos en cuanto a no fallar en ver y respetar la sensibilidad
de aquéllos alrededor de nosotros. Conforme
caminamos con nuestros hijos, lado a lado, aprenderemos a comprender sus sentimientos
y nos volveremos más amorosos para compartir lo que hay en sus corazones, en
lugar de ser personas que sólo pueden establecer los hechos.
Debemos aprender a dirigir nuestras vidas, protegiendo y amando, en
lugar de hacerlo dando órdenes y queriendo gobernar. La dulzura y la ternura no se manifiestan
solamente en las caricias y en los besos, sino también en ser observadores,
atentos, callados y comprensivos; en
comprender y satisfacer las necesidades, en ser profundos y no superficiales,
en involucrarnos y no ser distantes e indiferentes.
La dulzura y la ternura son
cosas que necesitamos para desarrollar nuestra habilidad para ajustarnos a cada
situación y a cada necesidad. Si tenemos
esto en nosotros y creemos en nosotros mismos, lograremos evitar el miedo, la
desesperación, la inseguridad y muchas otras cosas que nos alejan del amor perfecto. Tendremos paz interior, fe, paciencia,
sabiduría, y enfrentaremos todo con amor y responsabilidad, sin desmayar ante
la tristeza, la desesperación o la ignorancia.
Haremos todo lo que podamos y todo lo que debamos, en el momento preciso. La vida será más justa, más bonita, más dulce,
más agradable y más gratificante.
No
temamos la dulzura, sino su ausencia. No
confundamos la ternura con debilidad. No
subestimemos el poder del amor y no perdamos nuestra oportunidad de
vivir la vida correctamente. Seamos
libres para amar y
libres para aprender de la vida conforme caminamos.

Dulce como la Miel
Tras
más de tres décadas
de
vivencias y logros, no sin caídas,
uno
cree todo saberlo
y
todo poder gobernarlo.
Hasta
que aprendes
que
la vida es nueva cada día,
y
que con ella trae nueva alegría.
Decenas
de bellos bebés tuve conmigo
y
llené mi corazón de darles abrigo,
pero
permanecía dentro de mí un eterno frío
que
no cedió hasta que tuve uno que era mío.
Desde
el instante en el que la idea surgió:
“¡Un
bebé!”, algo en mí se inició.
Fue
entonces que el frío cedió:
Empecé
a percibir el calor
que
generaba la ilusión
de
vivir una nueva canción.
Al
mis manos mi vientre tocar
sentía
todo mi ser vibrar…
Disfruté
cada segundo el placer
de
madre llegar a ser.
La
primera vez que lo tuve en mis brazos
le
prometí amarle, … ¿con abrazos?
He
aprendido a entender su necesidad
y
a suplirla con lo mejor de mi humanidad.
Cuando
una vez le vi
parado
frente a mí,
con
sus ojos expresando inocencia y ternura,
impotencia
y dulzura,
empezó
el largo proceso de comprender
que
cuando hay algo grande qué hacer
el
cielo otorga, pero también demanda.
Y
con la encomienda,
la
capacidad para cumplir te manda.
Hoy,
más que nunca,
me
identifico con la canción
que
siempre me llenó de emoción:
“Hoy
veo en tus ojos, por primera vez,
y
por primera vez, veo quién eres.
Me
cuesta creer cuánto hay en ti
cuando
vuelves tu mirada hacia mí;
por
primera vez
veo
lo que el amor es.”
Dios
es amor
y
verle a los ojos es sentir Su calor.
Por
eso, aprende, que el frío
se
aleja cuando dices: “mío”.
Recibe
y abraza
cada
cosa buena que por causa de ti pasa:
Esa
sonrisa,
esa
tierna mirada que por ti se genera;
Ese
regalo que por ti espera;
Cada
muestra de amor
que,
por ti, sucede a tu alrededor.
Jamás
menosprecies su calor,
pues
traerá consigo el temor
que
se desarrolla en el frío, donde falta el amor.
¡Haz
tuyo el amor;
éste
mantiene alejado el dolor!
¿No
escuchas la voz del cielo
que
te dice con tanto celo:
“Yo
te lo concedí,
recíbelo
de mí”?
Y
sigue siempre al amor fiel:
Dulce
como la miel.
Canciones:
El Jorobado de N.D.: "Heaven´s light"
R. Stewart: "Have I told you lately?"
G. Benson: "Nothin´s gonna change my love for you"
James Taylor: "Only one"
Camilo Sesto: "Jamás"
Savage Garden: "I want to stand with you on a mountain"
Johny Mathis: "I´m glad there is you"
E. Humperdinck: "We fell in love"
Roberto Carlos: "De corazón a corazón"
A. Torres: "Angel de ternura"
E. John: "Little Jeannie"